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Revista correo de la UNESCO

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En un momento en que cualquiera puede publicar, comentar y compartir contenidos, la idea de prescindir de intermediarios quizá parezca seductora. Pero se trata de un espejismo. La abundancia de información no garantiza ni su calidad ni su veracidad. Aunque las redes sociales y las plataformas digitales ofrecen posibilidades infinitas para documentar sucesos en tiempo real, llegar a públicos diferentes y dar voz a los menos representados, también plantean enormes desafíos en cuanto a la calidad de la información y la supervivencia del periodismo.

Durante los últimos conflictos o las grandes citas electorales, la circulación masiva de informaciones falsas puso de relieve hasta qué punto la frontera entre la información y la manipulación puede ser frágil. La creación de contenidos generados por IA y los contenidos ‘ultrafalsos’ (deepfakes), que atribuyen declaraciones ficticias a determinadas personalidades, ponen en tela de juicio nuestra facultad colectiva de discernimiento. Lo que ahora está en juego no es únicamente la capacidad de producir o de acceder a la información, sino la de fortalecer el espíritu crítico, distinguir lo verdadero de lo falso, lo esencial de lo anecdótico y los hechos de las opiniones.